¡VAYA UN REGALO!
Clara
entró en el cuarto de su abuela cuando aún
no había sonado el despertador. La anciana
señora estaba todavía completamente
dormida.
- Buenos días, abuela -saludó Clara
con voz bastante alta.
- ¿Euuuhhh? - gruñó la abuela
- ¿Has dormido bien, abuelita?
La anciana señora dio un respingo en la cama,
se sentó y abrió unos ojos enormes.
La amable pregunta de su nieta la había alarmado
muchísimo.
- Clara, ¿Qué te ocurre? - preguntó
inquieta.
- Nada, no me pasa nada.
- ¿Nada? ¿Estás segura? ¡Caramba
, cuánto me alegro! Me habías asustado...
Volvió a tumbarse con un suspiro de alivio
y se arrebujó de nuevo entre las sábanas.
- Hoy es mi cumpleaños, abuela - anunció
Clara.
-¡Ah, es verdad! ¡Muchas felicidades!
Luego te compraré un regalo.
- ¿Qué me vas a regalar?
En el calorcito de la cama, la abuela estaba empezando
a sentirse perezosa y adormilada.
- Pues... libros, o un jersey, o... bueno, lo que
tu quieras...
- Lo que yo quiero es un caimán.
-¿ Un qué...?
La anciana señora estaba otra vez sentada en
la cama y despierta, completamente despierta y un
poco horrorizada.
- ¡No puedes traer un caimán a casa!
- Es sólo una cría. Es pequeño,
así de pequeño - Clara marcó
el tamaño con sus dos manos.
- ¿Qué van a decir tus padres?
- No van a decir nada, estoy segura. Vivirá
en una pecera grande en mi cuarto y yo lo cuidaré.
Será muy fácil. Me ha dicho el chico
de la tienda que un caimán come casi cualquier
cosa... ¿Me lo comprarás, di, me lo
compararás, eh?
La abuela lo pensó un momento. Luego volvió
a escurrirse entre las sábanas:
- Bueno, si eso es lo que quieres..., pero ya veremos
qué dicen tus padres.
Por la tarde, después de las clases, Clara
llegó a casa con el caimán en su pecera.
La abuela le abrió la puerta; estaba un poco
asustada al pensar que había dado dinero a
Clara para que comprara “aquello”. La
verdad es que el animal no era grande y tenía
un bonito color pardoverdoso. Toda la familia se congregó
alrededor de Clara para observar el recién
llegado.
- Es horrible - opinó el padre.