EL
DÍA QUE DESCUBRÍ LA MAGIA
El jueves fuimos todos a ver una función de
magia.
Actuaba un mago muy famoso que yo había visto
alguna vez en televisión. Era alto, moreno,
bastante guapo y sonreía todo el rato.
Pedía voluntarios que subieran al escenario
del teatro para hacer trucos muy divertidos. A mi
lado, Oscar estaba con la boca abierta, tan formalito
como siempre. Le pregunté si se atrevía
a subir conmigo al escenario, pero hizo un gesto como
si le diera miedo, y se encogió en su butaca.
A mí no me daba miedo nada, y siempre estaba
dispuesta a probar cosas nuevas. Tampoco soy miedosa.
Ni siquiera lloré cuando me rompí la
nariz.
Al final subí yo sola. El mago pidió
un aplauso para mí.
- ¿Cómo te llamas? - me preguntó.
- Olivia.
- Olivia, ¿vas a ayudarme a hacer magia?
- Bueno.
Los espectadores estaban muy callados, pendientes
de nosotros.
- Olivia es una niña muy estudiosa –
explicó el mago, dirigiéndose al público.
- Peché, peché... - respondí
yo.
- Pero el siguió hablando como si yo le hubiera
contestado que sí.
- Debes descansar de vez en cuando, Olivia, o de tanto
estudiar acabará saliéndote humo de
la cabeza.
Mientras decía eso, me puso la mano en la cabeza
y, al cabo de un momento, la gente empezó a
reírse a carcajadas. No comprendí lo
que estaba pasando, hasta que vi que mi cabeza estaba
envuelta en una nube de humo de color rosa.
Ese día yo llevaba el pelo recogido con dos
coleteros (ya sabes, dos gomas de colores). El mago
me los quitó con mucho cuidado y los mostró
en alto. Me pregunté que pensaba hacer con
ellos. Dio unos pases mágicos y, de repente,
me encontré los coleteros alrededor de mis
muñecas, como si fueran pulseras.
El mago me alzó los brazos para que todo el
mundo pudiera comprobar lo que había ocurrido.
Los aplausos sonaron muy fuerte.
- ¿Quieres explicarnos cómo has hecho
este truco, Olivia?
No lo sé.
¿ Quieres que celebremos una fiesta? - preguntó
el mago mientras estiraba de mis coleteros.
Vale.
No sé cómo las gomas desaparecieron
de las manos del mago. En su lugar apareció
un puñado de serpentinas que empezó
a lanzar sobre el escenario.
Antes de que me fuera, se sacó, no sé
de dónde, uno de esos sombreros de mago, una
chistera.
- Es un recuerdo para ti, Olivia – para cuando
hagas magia en tu casa.