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por: Irene, Laura, Berta, Dori, Joana, Manuel y Sandra de 2º A ESO

Esta historia ocurrió en 1940, en un pueblo llamado Higuera de la Sierra. Era una época difícil, ya que hacia poco había concluido la guerra. Todos sus habitantes vivían en una gran pobreza; una de las pocas familias que vivían en las afueras del pueblo era la familia Olmedo, cuyo padre había caído gravemente enfermo tras su regreso de la guerra. Al ser una familia numerosa no se podían permitir el lujo de comprar medicamentos así que decidieron fabricarlos ellos mismos. Este medicamento estaba principalmente compuesto de romero y de melisa, cogidos en lo alto de la sierra. La madre sustituía a su marido en el campo; sus dos hijas, María y Ana, hacían las tareas de la casa, los tres chicos Juan, Pablo y Luis decidieron ir ellos mismos a buscar los ingredientes que formaban la medicina.
María y Ana les prepararon la comida del día entero ya que tenían pensado partir a la amanecer y no volver hasta la anochecer.
Cuando el sol asomó sus primeros y penetrantes rayos de luz, Juan, Pablo y Luis comenzaron su viaje. Al comenzar el camino todo se cubrió de una espesa niebla. Ellos se asombraron mucho ya que era poco común ese tiempo, este hecho no les impidió continuar su camino, porque sabia que a su padre le quedaba poco tiempo de vida. Ya habían recorrido varios kilómetros, y se situaban en la mitad de la sierra. Como se encontraban cansados decidieron parar en un viejo tronco para almorzar. Juan, mediano de los tres tuvo el presentimiento de que alguien les observaba, pero no les dijo nada para no preocuparles mas
Al incorporarse al camino, a Luis le pareció ver algo entre las ramas y se sobresaltó. Los hermanos preocupados le preguntaron el motivo de su asombro y al explicarlo todo, Juan afirmó que antes sintió que les estaban contemplando. Estos se asustaron y pensaron en volver atrás, pero la sola idea de ver a su padre muerto les dio fuerza para continuar. Durante el resto del camino no volvieron a presenciar nada extraño. Una vez llegados a los tres pinos, la cima de la sierra, empezaron a buscar las plantas pero no encontraron ninguna. De repente salió entre el follaje una anciana que llevaba en sus brazos todo lo que necesitaban. Los hermanos se sorprendieron pero a la vez se alegraron. La mujer se acerco muy lentamente y les ofreció todo lo que ella poseía a cambio de sus vidas. Tras una larga charla, los niños se negaron ya que pensaban que existía otra forma de conseguirlo. Cuando se dispusieron a dar media vuelta la inofensiva señora se transformó en un ser odioso y sin escrúpulos. Les ordenó que le entregaran sus cuerpos, ya que si no iría a por los de su familia. Se lo pensaron mejor y aceptaron, ya que para ellos su padre era muy importante. Le comunicaron que les daría sus vidas con la condición de que les dejara llevarles los ingredientes ellos mismo, y ella estuvo de acuerdo.
Mientras descendían, una gran tristeza les invadió al pensar que su muerte estaba cerca. Cuando llamaron a la puerta y salió su hermana menor al encuentro, a todos les dio mucha alegría de verlos de nuevo. No les comentaron nada de su terrible tragedia y se apresuraron a darle a su madre todas las plantas para que empezara a fabricar la medicina lo antes posible, porque su padre iba de mal en peor.
Con la ayuda de toda la familia le salvaron. La recuperación tardó varias semanas, por fin, un día volvió a caminar y a tener fuerzas. Todos se encontraban muy felices, así que decidieron ir a celebrarlo a un campo que se situaba algo alejado de la casa.
Prepararon toda clase de alimentos y bebidas. Al terminar de almorzar todos contaron cosas para matar el tiempo. Se llevaron así mas de dos horas. Llegó un momento en el que todos se callaron y esta pausa le dio una oportunidad a Juan, Pablo y Luis, para contar el trato con la anciana. Una vez terminada la historia, su padre se levantó y les abrazó. Era grande su tristeza, así que ordenó que no volvieran a subir y que rompiera la promesa. Al no tener otra opción, le hicieron caso.
Pasaron meses, y una buena tarde llamaron a la puerta, Juan abrió, y se asombró muchísimo, había una mujer que le resultaba conocida. Al principio no la recordaba pero poco a poco se fue dando cuenta de quien era realmente. Ya era demasiado tarde, la señora había entrado y se había sentado. Antes de que pudiera reaccionar, esta empezó a hablar.
Le contó que esa misma historia que les estaba pasando a ellos le ocurrió a ella de pequeña y que tuvo que vivir para siempre esperando a alguien que la sustituyera. Ahora deberían irse con ella si no quería que su vida empeoraran. Ellos estaban confundidos no sabían que hacer, no comprendían nada. La única explicación era que había llegado la hora de sus muertes. Junto a la anciana volvieron a la cima de la montaña.
Una vez sentados en los tres pinos, la vieja les dijo que por haber sido tan valientes dando sus vidas a cambio de salvar a un ser querido, les haría un regalo de una pócima para su padre, esta poción serviría para que su padre no volviera a caer enfermo, ya que la anciana sabia que en pocos años se desmejoraría de nuevo y nada ni nadie podría evitar su muerte.
La anciana confiando en ellos les dio permiso para que les llevaran ellos mismos la medicina y quedó en que al día siguiente se verían en los tres pinos, y así lo hicieron. Desde entonces se dice que las tres almas de los muchachos descansan repartidas en los tres pinos. Por eso antiguamente en honor a los tres jóvenes el pueblo fue llamado los tres pinos.
Si alguna vez se os ocurre ir a visitar este pueblo, no os olvidéis de visitar la sierra donde habitan los tres espíritus de los hermanos.

FIN

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