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¡ NO TENGAS MIEDO !
por Irene

Por fin se acercaba la excursión que todos estábamos deseando: ¡nos íbamos cuatro días a una granja-escuela!. Mis amigas y yo no hacíamos otra cosa que hablar sobre la ropa que nos íbamos a llevar; sobre lo que íbamos a realizar; el como nos sentaríamos en el autobús ...en fin, nos pasamos todas las horas de clase charlando sobre el tema.

Como tan solo faltaban 48 horas para el gran día, dos monitores procedentes de la granja nos hicieron una visita para comentarnos cosas que debíamos saber sobre aquel lugar. La charla duró bastante tiempo, pero la verdad es que a mis amigas y a mi se nos hizo muy corta, ya que no prestamos mucha atención. Lo único que se me quedó fue algo sobre una casa que no debíamos ir porque estaba encantada... ¡ leyendas, en mi opinión!.

Los dos días anteriores a la marcha se me pasaron volando; sin darme cuenta, en un “plis plas” ya estábamos allí.

Al bajarnos del autobús, nos quedamos asombrados al ver aquel maravilloso paisaje, El aire era puro, al que acompañaban olores naturales de árboles y plantas.

Al terminar de asignarnos las habitaciones, todos fuimos a investigar un poco aquello. Nos separamos en varios grupos; el mío estaba compuesto por Dori, Johanna, Laura, Sandra y Berti. Como nos dejaban irnos a donde quisiéramos, nosotras, como buenas aventureras que somos, optamos por irnos a la montaña. Nos costó mucho trabajo de subirla, pero tras mucho esfuerzo lo conseguimos. Aquellas vistas eran espectaculares; todo lo que se veía era campo, pero no un campo cualquiera, si no, uno maravilloso que reflejaba tranquilidad y bienestar. La luz del sol del atardecer, lo embellecía mucho mas. Aprovechando que estábamos sola, hablamos sobre brujas y cosas de miedo, porque si lo hacíamos en público, a los demás les daba vergüenza ajena. Parecía que estábamos en el cielo, porque todo transcurría muy tranquilo; bueno, hasta que un escandaloso chillido nos alteró. Como no era de extrañar, a Sandra le había picado un bicho; pero en realidad no había sido el primero, ¡si no el cuarto! No teníamos ni idea a que especie pertenecía, e ignorábamos si era venenoso o no. La pobre no se lograba calmar, porque al parecer le dolía mucho. Así que no nos quedó más remedio que bajar.

Rápidamente, empezamos el descenso, pero no nos dio tiempo a recorrer mucho , cuando Dori resbaló y callo de rodillas. Ésta, estaba magullada por todas partes, así que entre Laura y yo tuvimos que cogerla. Al llegar abajo paramos para descansar y curarle las heridas con un poco de agua, porque todavía nos quedaba un rato para llegar a la granja. Ella reaccionó al agua pegando un gran grito. Todas pensábamos que los monitores se escandalizarían y acudirían a nosotras para socorrernos; pero no fue así. Allí no había nadie, y eso era un poco sospechoso, porque aquellos terrenos solían estar llenos de gente. Nos extrañamos muchísimo, así que mandamos a Berti y a Sandra para que buscaran a alguien. A pesar de que no se sabían muy bien el camino tiraron por el lado izquierdo. Mientras esperábamos, nos pusimos a charlar de nuestras cosas.

Poco a poco se hacía de noche, y ninguna de nuestras amigas seguía sin aparecer. No sabíamos si regresar solas a las granja, porque no nos acordábamos muy bien del camino, además las dos linternas que teníamos se las habían llevado nuestras compañeras. Cada minuto que pasaba , Dori se encontraba peor, y esto a nosotras nos asustaba mucho. Al no lograr que se mantuviera en pié, no nos quedó otra opción que decidir quien se quedaba con ella, mientras que las otras dos intentaban buscar a algún monitor. A mi me tocó permanecer junto a Dori , así que Laura y Johanna fueron en busca de ayuda.. Los minutos de espera se nos hicieron interminables; cuando por fin vimos a lo lejos algunas luces. Creíamos que pertenecían a nuestras compañeras, pero a medida que se acercaban nos dimos cuenta de que nos equivocábamos.

En ese momento me entró el pánico; lo primero que pensé es que eran unos secuestradores que nos iban a matar. Corriendo, cogí a Dori y la llevé a cabritos hasta detrás de unos matorrales. Los sospechosos se acercaban; eran dos, y por lo que pude comprobar eran altos, fuertes y tenían una manera rara de caminar, como si apenas rozasen el suelo; y comentaban algo sobre trampas para niños. Éstos, pasaron justo al lado nuestra, y se dirigieron por un camino que conducía a la casa abandonada del lago – según les oí decir -. Los seguí con mi mirada, hasta que desaparecieron de mi vista. Al girar de nuevo la cabeza, me encontré de frente con una cara blanca de ojos azules a solo unos cuantos metros de mi .Sin dejar de mirarme, la sombra se aproximó. No sabía quien era, pero para mi gran sorpresa, se trataba de la graciosa de mi “amiga” Johanna, que solo intentaba asustarnos un poco, y creerme , ¡ lo consiguió!.

Al momento apareció Laura. Ambas nos comunicaron que no reconocían el camino de vuelta y que lo mejor sería volver las cuatro junta, para que entre todas consiguiéramos dar con los monitores. Fuimos muy despacito y mirando por todos lados, por si se aparecía algún monstruo. Solo nos podíamos guiar por la luz de la luna, que era lo único bonito que había en ese momento. Nuestros cuerpos estaba agotados, y solo hacíamos andar en círculos. Cuando de repente, a lo lejos divisamos una casa. Sin pensárnoslo dos veces, nos dirigimos hacia allí..

La choza daba un aspecto de dejadez, como si estuviera abandonada. Sus amplios ventanales cubiertos de moho y de altos helechos , daban un toque parecido a las casas de las brujas. Lo que más no impresionó fueron los peldaños, que eran de mármol. Íbamos a entrar, cuando escuchamos un ruido proveniente del interior. Escuchamos risa y un gran movimiento de mesa y sillas. A pesar de mi gran miedo, quería entrar para averiguar de una vez por toda que era lo que trataban aquellas personas ( si de verdad se los podía llamar así). Para no variar, no nos poníamos de acuerdo por donde entraríamos; una decía que por la ventana; otra, que por la puerta.... Tras mucho pensar , aclaramos que lo mejor sería por la puerta que conducía al desván.

Una vez dentro, nos entró de verdad miedo. El aire era asfixiante y apestoso. Para rematar la faena, no se veía apenas nada, solo la claridad que se colaba por las grietas del techo. De repente, la puerta de la habitación se abrió, y entró alguien. Llevaba una capucha y un candil. Parecía como si estuviese buscando algo. Nosotras, con mucho cuidado nos escondimos un poco. Tardó unos minutos en encontrar lo que buscaba; un cuchillo y un hacha fue lo que yo le vi en sus manos. Se disponía a salir por la puerta, cuando se volvió repentinamente y retrocedió. Seguido de esto, alumbró hacia el suelo y recogió una prenda .

Al principio no lograba distinguir de que se trataba, pero tras reflexionar unos instantes, recordé que pertenecía a Berti; ¡ Así que no estábamos solas en esta espeluznante choza!. Cuando el sospechoso se marchó, le conté a mis amigas lo que había visto; ya que ellas, al estar un poco mas distante de mí no pudieron observarlo. No pensábamos quedarnos allí mucho tiempo, solo el necesario para pensar que haríamos ahora. Volvimos a votar, y salió por mayoría intentar subir a la primera planta. Íbamos a ascender , cuando muchos golpes nos alertaron. Eran muy seguidos y provenían de ahí al lado. Ninguna de nosotras se atrevía a moverse, por miedo a que sucediera lo peor.

De repente, el ruido cesó y comenzaron a oírse unos arañazos muy molestos. Al momento pararon, y empezamos a escuchar un llanto. Pensábamos que solo sería un perro, pero algo increíblemente fascinantes no sacó de dudas : pudimos sentir como alguien cantaba una rumba ; y eso fue lo que nos dio a entender que no se trataba de otra persona que de la misma Berti. Así que enseguida abrimos la puerta y la sacamos. Se alegró mucho, y antes de que habláramos algo con ella, se escucharon muchos pasos que se dirigían a nosotros. Como no nos esperábamos la llegada de alguien mas, no tuvimos en cuenta el gran tono de voz que habíamos estado usando; así que nos pillaron infraganti.

No recuerdo nada más de lo que pasó, solo que me desperté en una habitación muy fría, sentada, y unida de espaldas a un niño. Como pude sentir, los dos estábamos muy bien atados por las piernas y por las manos. Me costó bastante trabajo asumir que me habían encerrado en una sauna sin ningún motivo, bueno ... si, pero la verdad es que no lo recordaba. Mis dudas se iban haciendo cada vez mayor, por eso decidí preguntarle a la persona que se situaba justo detrás mía, que quien era él que nos había echo eso .No recibí respuesta. Transcurrió cerca de una hora hasta que por fin el muchacho se dignó a hablarme. Me contó algo raro, de lo que yo saqué de conclusión: que esa casa había estado habitada por unos investigadores que se volvieron locos de mucho pensar, y que utilizaron esa inteligencia para averiguar cosas sobre los miedos de las personas. Para ello utilizaron a niños de entre 13 y 14 años. No vivieron demasiado, ya que un agricultor les descubrió y los mató. Pero aquí no está lo peor; a los años, ellos resucitaron y volvieron a su antigua misión, pero esta vez en cuerpos diferentes

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo; ¡ ahora si que estaba perdida!. Lo que más me preocupaba en ese momento era el donde estarían mis amigas, y para averiguarlo me puse a mencionar sus nombres. No sirvió de mucho, ya que me parecía que no lo habían escuchado. Poco a poco empezaba a tener calor y un poco de claustrofobia. Inesperadamente empecé a tener visiones de lo que me pasaría si esa insoportable temperatura se elevaba mucho mas; solo veía cosas malas. La verdad es que me estaba mareando. Todo se nublaba ante mí, y ya apenas divisaba la habitación. Una nueva sensación me inundó; ahora, en mi interior transcurría una tremenda paz. La verdad es que se estaba a gusto así; pero esto no duró mucho .

Repentinamente empecé a observar junto a mí, caras deformes que me gritaban; algunas estaban cubiertas de sangre, de cicatrices; había muchos bichos que se me subían por todas partes; manos que pegaban tirones y risa, muchas risas diabólicas. Pero lo que mas me escandalizó fueron hombres mayores que se me recordaban a mi querido abuelo. Me adelantaron acontecimientos ,como que mi yayo moriría por culpa mía, y que todos mis familiares me despreciarían por ello. La mala visión que tuve de mi futuro me impactó mucho en el corazón; y me hizo pensar de una forma muy distinta a la habitual; incluso llegué a la conclusión de que lo mejor sería marcharme muy lejos, donde nadie me encontrara, excepto cuando una sombra negra llamara a su corazón. Poco a poco, me inundaba en un agujero negro lleno de malos pensamientos. El enorme miedo que me causó fue terrible de soportar. Pero lo que más me impacto sin duda, fue el pensamiento de que yo mataría a mi propio abuelo. Si la situación estaba cruda, todavía se empeoró más. A raíz de ahí, el oxígeno se agotaba, el calor se hacía insoportable...

Sin yo quererlo, los hombres me cogieron la mano y me la apretaron mucho. Creía que este era el fin de mi preciosas vida, pero me equivocaba: escuché palabras de fondo (que pensaba que pertenecía a los hombres ), pero que en realidad salían de mi compañero de atrás. Me gritó que no tuviera miedo, que pensara en cosas maravillosas; que me imaginara que paseaba tranquilamente por el campo... Hice un gran esfuerzo por imaginarme aquellas cosas, pero al ver que daban muy poco resultado recordé viejas palabras de mi abuelo: “nada ocurrirá si tu no quieres”, ¡ y la verdad es que llevaban toda la razón del mundo; si yo no dejaba que me asustasen, me dejarían en paz. Así, que logré escabuyirme de ese mundo fantasmal {...}

Parpadeé unos segundos ,me desaté, y tras levantarme del suelo miré por todos lados en busca de el dueño de la voz que me ayudó a dar el escalón hacia el mundo real. No lo encontraba, y eso era raro, ya que la única salida estaba por el techo, y no podía haberse ido por ahí. Asustada por él, me eché a llorar; cuando lentamente percibí una preciosa voz que me recordaba a alguien. Me volví lentamente y comprobé que justo al lado mía estaba el niño que me salvó( que por cierto era muy guapo), y que misteriosamente flotaba en el aire como una pluma. Este me extendió la mano; y yo , atemorizada a que pasara lo peor, retrocedí unos metros. Para no variar, me volvió a repetir la frase de “ no tengas miedo”. Así, que sin pensármelo mucho, confié en él, y le extendí mi extremidad. Volamos por la sauna, y cuando salimos de ella, me sacó de la horrible casa por la ventana. Todavía era de noche, a pesar de que las horas allí a bajo se me hicieron interminables. Corría una suave brisa que era muy relajante. Antes de poder hacer algo mas, Luis ( según me dijo) me explicó quien era. Me contó que él fue uno de los niños que cogieron como experimento; y que no pudo sobrevivir a su propio miedo. Por ese motivo, tuvo que quedarse allí a esperar que alguien lograra por fin conseguirlo, para escapar de ese terreno y viajar por el mundo.

¡ ASÍ QUE YO LO HABÍA CONSEGUIDO!; eso era difícil de creer, ya que por mi lugar pasaron cientos de niños y niñas antes que yo.

Nos despedimos muy amistosamente y me prometió hacerme una visita de vez en cuando. Seguido de esto, me soltó en mi cama. Como pude comprobar, mis compañeras estaban allí, dormidas, como si no hubiera pasado nada de nada. Las quería despertar para explicarles lo que me pasó, pero recodé la promesa que le hice a Luis de no decir nada a nadie.

A la mañana siguiente, todas me contaron que habían tenido unos sueños muy raros que tenían que ver con una casa junto a un lago. Yo les hice creer que solo habían sido pesadillas, ya que en la granja no había ninguna casa abandonada; pero como ninguna se lo creía, tuve que acompañarlas hasta el lugar donde transcurrieron sus sueños para averiguar si era de verdad un sueño. Lo gracioso es que allí no había ninguna casa, así que volvimos a la granja.

Antes de entrar al edificio, escuchamos unas risas; nos dimos la vuelta y vimos a todos nuestros compañeros riéndose de nosotras. Al principio no averiguábamos de que se trataba, pero al rato comprobamos que ¡todas estábamos en pijamas!

Los días posteriores que pasé allí, fueron unos de los mejores momentos de mi vida.

Irene 2ºA ESO

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